En Arroyo de la Miel, el pueblo donde viví un tiempo, había una carrera  que se hacía todos los años. Era como una maratón pero más pequeña y  cutre. Se llamaba “La carrera del Pavo”. La gente se ponía en las aceras  animando a los corredores y se formaba un buen caos. Cortaban la calle y  lo típico, pasaba la gente corriendo y les gritaban, burlándose un poco  porque en realidad no les importaba una mierda los corredores.

La  carrera era un Sábado o un Domingo no me acuerdo. Mi padre me llevó  porque a él le flipan esas cosas, no se por qué. Había muchos niños  animando. Yo los miraba y los veía súper entusiasmados como si esa  carrera fuera lo más bestia que les pasó en su vida. Tenían cara de eso,  que todo esto era muy bestia. Al final de la carrera daban el gran  premio. El que ganaba se llevaba un pavo de premio. Un pavo de verdad.  ¿Nadie se daba cuenta de lo cutre y ridículo de todo esto? Yo buscaba al  pavo porque nunca había visto uno y porque quería saber si era verdad  que te daban un pavo o si era solo el nombre de la carrera. Busque entre  la gente y no había rastro. Uno con un micrófono anunció que el que  había ganado era un tal Mohamed y luego siguió anunciando más cosas con  una voz chillona super molesta rollo: “y aquí llegan los corredores, un  fuerte aplauso por favor”. Le pregunté a mi padre que donde estaba el  pavo y me dijo que lo tenían guardado en un coche así que me puse a  mirar coche por coche a ver si encontraba al pavo. Pero no lo  encontraba. ¿Lo habrían sacado ya del coche? ¿Lo tendrían ya en el  escenario para entregárselo al ganador?Terminó la fiesta así que la  gente se empezó a dispersar. Eran ya como las tres de la tarde y se  notaba que el pueblo empezaba a entrar en modo “siesta”. Mi padre se  puso a hablar con los organizadores de la carrera y con el que había  ganado. Para hacerse el importante y el que conocía a los que llevaban  todo. Pero del pavo ni había ni rastro. En esa época vivíamos en la  Urbanización Bonanza y por un periodo súper corto de tiempo mis padres  vivieron ahí juntos. Es que luego se odiaron y se acabaron divorciando.  Luego mi padre se casó de nuevo con una tía de Málaga y su familia y  luego se divorció de nuevo y se casó con una tía de Cuba. Yo y mi  hermana nos referimos a él como “el moro” porque parece moro la verdad.  Mi hermana dice siempre, “me llamó el moro y no sabes que, el moro me  dijo que…, ¿sabes lo que me dijo la esposa del moro? y cosas asi.

Ya  en casa, el moro y yo comimos y luego me fui a jugar al jardín que era  gigante y siempre había mil aventuras. En esa urbanización había una  piscina súper gigante en medio y luego un montón de árboles al lado con  caminos llenos de curvas que te llevaban hasta otro parque con  columpios. La parte esa de árboles era súper misteriosa. Yo siempre  pasaba por el camino de la derecha porque era el menos peligroso y el  que menos miedo daba para mi. Había otro a la izquierda que daba curvas y  pasaba y llevaba a una zona oculta entre los árboles que me daba miedo.  No se si sera coincidencia o no pero el camino de la izquierda en magia  es el de la magia negra. Pues ese mismo día, un poco más tarde, estaba  jugando con unos amigos de la urbanización en los columpios de atrás del  todo y un niño vino corriendo gritando “¡el pavo!, ¡venid a ver el  pavo!”. ¿Que pavo? ¿El pavo de la carrera? Sin entenderle del todo le  seguimos hasta la piscina vacía y si, ahí estaba el pavo. Lo habían  metido en la piscina vacía para que no se escapara. Varios niños se  habían metido dentro y lo persiguen con palos y ramas. El moro estaba  por ahí y nos contó que el que había ganado la carrera no quería el pavo  y se lo había regalado a él. No veas si se le notaba que le encantaba  haberse llevado el pavo de la carrera. Se había llevado el gran premio  sin tener que correr. Y con su cara de satisfacción se fue a buscar al  jardinero. Los niños habían acorralado al pavo en la parte más profunda  de la piscina. Fui caminando por el borde para poder verlo de cerca. Se  le habían caído muchas plumas y respiraba como si estuviera exhausto.  Los niños le gritaban y se intentaban acercar a él pinchandole con  ramas. El moro llegó con el jardinero que bajó a la piscina, cogió al  pavo del cuello y salió como si nada. Los niños que lo perseguían se  entusiasmaron aún más como si ver sufrir al pavo les diera vida. El moro  y el jardinero se fueron con el pavo a la zona oculta del jardín donde  yo nunca iba. La del camino de la izquierda. Yo y otro niño éramos los  más jóvenes del grupo asi que nos dejaron atrás. Pero queriamos saber  que le iba a pasar al pavo aunque ya empezaba a tener el presentimiento  de que era algo malo.
Nos metimos entre los árboles por el camino de  la derecha, el bueno que no daba miedo y lentamente cruzamos toda la  zona de árboles. Era lo que me temia. Se habían metido por el camino de  la izquierda. El peligroso, el de la magia negra. Intente convencer a mi  amigo de ir juntos pero tenía cara de miedo que no veas. A mi me daba  miedo tambien pero tenia que ir. Presentía que algo malo le iba a pasar  al pavo y no entendia bien que podia ser.

Convencí  a mi amigo y nos metimos. Y los encontramos claro. Estaban entre los  árboles, como en medio de una pequeña plaza que había entre arbustos. Y  ahí estaban todos, sujetando al pavo que movía las alas agonizando. El  moro al verme me dijo que no podíamos estar ahí, asi que uno de los  niños mayores nos acompañó hasta la piscina y nos dijo que esperábamos  ahí. ¿Esperar a que? ¿Que le estaban haciendo al pavo? No parecía bueno y  yo no me iba a ir sin averiguarlo.

Se  hizo super largo esperar ahí en la piscina pero al rato vi salir al  jardinero de entre los árboles. Ni nos miro y paso caminando dirección a  un cuarto que tenía al otro lado del jardín. ¿Que hacia? Uno de los  niños más mayores salió de entre los árboles y nos contó. Estaban  intentando matar al pavo pero no lo conseguían. El jardinero lo había  intentando estrangular primero pero no pudo y luego había intentado  cortarle el cuello con una navaja de bolsillo pero el pavo no moría. Nos  dijo que estaba todo lleno de sangre y que el pavo estaba gritando y  que era horrible. ¿el pavo gritaba? Pobre ¿no?, Ahora que lo decía si  que me había parecido escuchar gritos salir de entre los árboles. El  otro niño de mi edad estaba ya traumatizado. De “Erase una vez la vida” a  esto era un gran salto en su mundillo mental de 6 años. Al poco pasó el  jardinero pasó de nuevo con un hacha en la mano. A mi amigo le entró el  terror, se fue a su casa y yo me quede solo. Era ya de noche, como las  ocho o así y la humedad se empezaba a notar. Me acerque un poco a los  árboles a ver si podía escuchar al pavo, ¿estaría vivo todavía? Me puse  super atento a ver si lo escuchaba gritar. Y de pronto escuche un montón  de voces que salían de entre los árboles. Eran, los niños, el moro,  todos. El jardinero llevaba una bolsa grande con algo dentro. Los niños  parecía que iban a explotar del entusiasmo. El moro me miró y dijo que  nos íbamos a casa. Estaba un poco serio como si hubiera hecho algo malo  de lo que se estaba arrepintiendo.

Cenamos  y luego me metieron en el cuarto a dormir. El moro y mi tío que estaba  ahí, no se por qué, se quedaron en el salón. Yo quería enterarme de lo  que hablaban así que salí del cuarto y me colé en el salón haciéndome el  loco que buscaba un juguete. El moro le contó a mi tío que había sido  horrible. Que el jardinero había intentado cortarle el cuello al pavo  con una navaja desafilada y que había llenado todo de sangre, las manos,  su camiseta, todo. Dijo que los gritos del pavo le habían dolido pero  que aun así lo sujetó con fuerza para que lo matasen lo más rápido  posible. Pero que el pavo sufrió muchísimo y estuvo desangrándose hasta  que el jardinero le cortó el cuello con el hacha.“Fue horrible, fue  horrible” le decía a mi tio. Pero se lo decía como si quisiera hacerle  entender que él podía pasar por algo así y mi tío no. En plan, “fue algo  difícil pero solo yo podría haberlo hecho. Tu no”.
Luego contó que  le quitaron la piel y las plumas y que estaba lleno de moratones. Que la  gente le habría dado un montón de golpes y la mitad del cuerpo del pavo  estaba violeta. Mientras le contaba eso a mi tío me imagine el cuerpo  del pavo sin piel. Si, seria como un pollo pero más grande. Pero ¿como  serían de grande los moratones? ¿De que color exactamente? ¿violeta?,  ¿negro y violeta? Y con esos pensamientos me fui a mi cuarto a dormir.